viernes, 12 de junio de 2015

PELIGROS EN LA OBRA DEL SEÑOR - Mario Fagundes



Quiero mencionar tres peligros a los que nos exponemos en la obra del Señor. El Señor me mostró esto hace mucho tiempo. Son tres cosas casi naturales que van a ocurrir si no prevenimos, si no estamos advertidos. Sobrevienen como consecuencia del tiempo y del crecimiento de la obra del Señor.


1) Con el tiempo, la obra se "enyesa".

Con el tiempo viene la experiencia, el mucho conocimiento en la obra. Mucha revelación, ya conocemos los principios, sabemos cómo funcionan y cómo ponerlos en práctica. Con el tiempo viene la rigidización de la obra, el endurecimiento. La obra se vuelve rígida, como enyesada.

Cuando dejamos de evaluar las prácticas, éstas se vuelven absolutas, y comenzamos a actuar por procedimientos y normas, por criterios, mucho más que por dependencia del Espíritu Santo. Se van poniendo las prácticas en un lugar indebido.

Hay prácticas que vienen por la enseñanza, y otras por la catequización personal. Con el tiempo queda la forma, y la práctica se endurece. Por ejemplo, el tema de las coyunturas es un principio absoluto, pero las prácticas pueden diferir unas de otras. Sin embargo, con el tiempo van tomando  una importancia exagerada.

Cuando sucede esto, se estanca la obra; y si alguien quiere cambiar algo, le resulta muy difícil. En realidad, nadie va a cuestionar un principio si está en las Escrituras, pero cuando queremos corregir algo sobre su práctica, a veces no es fácil que se reciba la corrección. Esta resistencia al cambio hace que la obra se estanque. Se toman los criterios con tanta normalidad que se convierten en algo absoluto.

Cuando las prácticas se vuelven absolutas, la obra se vuelve rígida. Tenemos patrones absolutos de obra que se convierten en tradiciones. Y la tradición impide que se cumpla la voluntad del Señor. Dios es Dios. No podemos colocarlo dentro de la caja de nuestras costumbres y tradiciones.

Esta estructura tradicional de prácticas rígidas genera mucha actividad, pero vamos perdiendo el primer amor. Volver al primer amor es volver a las primeras obras. Y esto está relacionado con volver a depender absolutamente del Espíritu Santo.

El Señor quiere hablar con nosotros; el conocimiento que adquirimos de las Escrituras viene de Él. Nos quiere llevar a depender de su Santo Espíritu antes de aconsejar, antes de actuar, antes de enviar, antes de salir, antes de tomar decisiones serias. Orar y depender de la guía del Espíritu Santo es nuestra responsabilidad.



2) Con el crecimiento se pierde la esencia de la verdad

Las nuevas generaciones de discípulos no reciben la verdad de la misma forma, tampoco con la misma profundidad. Si no lo percibimos, pasaremos la estructura de la obra, pero no la esencia de la verdad. Les hablaremos a los discípulos de nuestro funcionamiento, y no de la Palabra.

¡Cuidado! El crecimiento hace perder sutilmente la esencia de la verdad, porque la estructura se agranda. Lo que edifica es la verdad revelada por el Espíritu Santo, no lo que transmiten los hombres. Tengamos en cuenta lo que dice la Palabra del Señor al aconsejar sobre matrimonio, noviazgo, trabajo, etc., y comuniquemos la verdad registrada en las Escrituras.

Muchos le dicen a la gente: “Aquí las cosas son así”. Pero eso no está bien: lo que vale es lo que el Señor estableció. No debemos valorar más "nuestra enseñanza" que la verdad. Hoy en día hay más explicaciones de los líderes que Palabra de Dios. Cuando la estructura toma una dimensión demasiado grande, se tiende a perder la revelación del Espíritu Santo.

Observemos lo que pasa en las redes sociales: a los dichos de Jesús no los comenta nadie, pero las frases de reconocidos hermanos las comentan todos. Se considera más la argumentación de hombres de Dios que la sencilla Palabra de Cristo. No se transmite la persona de Jesús, se comunican muchas otras cosas. El conocimiento atrae. Pero la multiplicación del saber hace que perdamos la sencillez

Con el tiempo, la cuarta o quinta generación de discípulos recibe un diez por ciento de la revelación que recibió la primera. Tanto en los conceptos como en la práctica.

Nuestra responsabilidad es transmitir la verdad con su esencia, con su profundidad. Son verdades eternas. Queremos mirar a Jesús. No es Pablo el que mora en nuestro interior, ¡es Cristo!


3) Distanciamiento del liderazgo debido a las demandas de la obra.

Uno viaja para allá, el otro para acá. Entonces cada vez hay menos tiempo para compartir, para orar juntos y ponernos de acuerdo. Allí empiezan las diferencias, y se fortalece la personalidad de cada uno. Nacen los énfasis. Seguimos creyendo que nuestros discípulos piensan lo mismo, pero como consecuencia del distanciamiento y de la falta de relación, sus conceptos ya no son uniformes.

Con la distancia entre líderes comienza el personalismo. Cada uno afirma más sus conceptos personales, énfasis y formas. Incluso el peligro de que surjan desvíos es mayor. El personalismo lleva a tener preferencias. Preferimos y damos más lugar a nuestros discípulos por encima de los otros hermanos. Y esto lleva al partidismo. Se forman facciones alrededor de cada líder. Y finalmente se establece una división interna.

Esto permite que el diablo se meta entre nosotros, actúe, se mueva, y comiencen a aparecer “fantasmas”. También puede haber rupturas en las relaciones.

De lo contrario, cuanto más juntos estemos, más difícil le será al diablo dividirnos, separarnos. Cuanto más juntos estemos, debatiendo todos los temas, mejor será. Por ejemplo, puede suceder que yo tenga algo que Dios quiere para la iglesia, pero Marcos todavía no lo ve. Puede ser de Dios, pero el momento de Dios es cuando todos nos ponemos de acuerdo.

¡No caigamos en el error de actuar solos, sin el consenso de nuestros compañeros!

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