domingo, 15 de diciembre de 2013

DIVORCIO Y NUEVO MATRIMONIO - Himitian


¿Le está permitido al hombre o a la mujer divorciarse y contraer un nuevo matrimonio?

¿Aprueba Dios que alguien se case con una persona divorciada?
Para tratar este delicado y controvertido tema, creo necesario seguir un cierto orden metodológico:

Primero, analizar los pasajes que más clara y directamente tratan el asunto y luego,
estudiar aquellos más difíciles de comprender a la luz de éstos. La revelación en el
Antiguo Testamento aparece gradual y progresiva hasta llegar a Cristo, quien es la
revelación de Dios para todos los hombres de todos los tiempos. Por eso, estimo mejor
abordar primero los pasajes del Nuevo Testamento. Creo que lo más correcto es
empezar por las palabras de Jesús registradas en los evangelios, para luego considerar
los pasajes del Antiguo Testamento a la luz de ellas.

Segundo, enfocar primero la regla general sobre el tema y luego abordar las
excepciones. Si tratáramos los casos de excepción sin primero haber establecido la
regla, terminaríamos haciendo de la excepción la regla, desvirtuando así la enseñanza
del Señor.

Tercero, resolver primero el aspecto bíblico del tema y después el pastoral. Es decir,
que el tratamiento pastoral de los casos particulares constituye la segunda instancia. Si
consideramos los casos sin tener definido el enfoque bíblico, corremos el riesgo de
emitir nuestros propios juicios basados en razonamientos o sentimientos humanos y no
en la Palabra de Dios.

LO QUE DIJO JESÚS SOBRE EL TEMA

Para seguir el orden propuesto, consideremos primero las declaraciones de Jesús sobre
el divorcio y el "recasamiento", las que sin dudas resultan claras, completas y
terminantes. Trataremos primero la regla general y luego la única excepción señalada
por Jesús y por Moisés.

En los evangelios se citan cuatro veces las palabras de Jesús sobre el particular:

"Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella;
y si la mujer repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio" (Mr. 10.11-
12).

"Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la
repudiada del marido, adultera" (Lc. 16.18).

"El que repudie a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que ella adultere,
y el que se casa con la repudiada, comete adulterio" (Mt. 5.32),
 
"Cualquiera que repudie a su mujer, salvo por causa de fornicación, y se casa con
otra, adultera; y el que se casa con la repudiada, adultera" (Mt. 19.9).

Como se puede observar, Jesucristo establece sobre esta delicada cuestión una recta
general y una cláusula de excepción. La excepción a la regla es: "a no ser por causa de
fornicacíón" o "salvo por causa de fornicación".

Cabe destacar que ni Marcos ni Lucas incluyen la cláusula de excepción; sólo lo hace
Mateo en los dos textos citados. (El hecho de que Mateo sea el único en incluir la
cláusula de excepción, a mi juicio tiene una razón de ser que más adelante mencionaré).

LA REGLA GENERAL

Como ya señalé anteriormente, lo primero que debemos tener en claro es la regia
general establecida por el Señor. Luego abordaremos la cláusula de excepción.
Resulta obvio que la regla general abarca los casos de aquellas personas que se
divorcian y se casan de nuevo sin que exista la causa de 'fornicación", aquellos que lo
hacen porque sencillamente ya no se quieren más, o no se llevan bien, o por otras
razones no comprendidas en la cláusula de excepción.
Analicemos algunas posibilidades:
Caso l: ¿Le permite Dios a un hombre divorciarse de su esposa y casarse con otra
mujer? ¿O a una mujer divorciarse de su marido y casarse con otro hombre?
Respuesta: (No estoy interponiendo ninguna explicación o interpretación humana, sólo
me limito a transcribir la clara y terminante respuesta de Jesús); "Cualquiera que
repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra ella; y si la mujer
repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio" (Mr. 10:11-12).

Caso 2: ¿Le está permitido a una mujer que ha sido repudiada casarse con otro? (Cabe
la misma pregunta en el caso de un hombre repudiado por su mujer).
Respuesta: "El que repudia a su mujer, a no ser por causa de fornicación, hace que
ella adultere; y el que se casa con la repudiada adultera" (Mt. 5:32). 0 como dice la
Biblia de Jerusalén, "la expone a cometer adulterio".

Caso 3: ¿Permite el Señor que alguien se case con una persona divorciada?
Respuesta: "y el que se casa con la repudiada, adultera” (Mt 5.32; 19.9; Lc. 16.18).

Caso 4: Ya hemos visto que si un hombre se divorcia de su mujer y se casa con otra,
adultera. Pero, ¿su adulterio libera a su primera mujer para casarse con otro?
Respuesta: "Todo el que repudia a su mujer, y se casa con otra, adultera; y el que se
casa con la repudiada del marido adultera" (Lc. 16.18).

¿Cuál es la condición espiritual de estas personas delante de Dios?
Según las declaraciones de Jesús, los que se divorcian v se casan de nuevo, o los que se
casan con personas divorciadas, están en adulterio. Todos los textos lo reiteran de un
modo claro y terminante.
Lo grave de esta condición es que mientras las personas continúen con esa relación
ilícita siguen estando en adulterio. Jesús, cuando se encontró con la mujer samaritana
que estaba en esta situación, le dijo: "Cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes
no es tu marido" (Jn. 4.17-18).
 
JESÚS INTERPELADO POR LOS FARISEOS
Mateo 19.3-12
La pregunta de los fariseos. Los fariseos fueron a Jesús con la siguiente pregunta:
¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?"'
Mateo, al igual que Marcos, aclara que la intención de los fariseos era tentar a Jesús.
Querían sorprender a Jesús en alguna contradicción con Moisés, a fin de desacreditarlo
como enviado de Dios. Pero Jesús nunca contradijo a Moisés. El declaró: "No he
venido para abrogar (la ley) sino para cumplir" (Mt. 5.17-19). Moisés no habló por su
propia cuenta, sino de parte de Dios, lo mismo que Jesús. En lo referente a la ley moral,
Jesús y Moisés coincidieron en todo. Jesús no exigió una justicia mayor que la de
Moisés, sino mayor que la de los escribas v fariseos, quienes hacían una aplicación
tendenciosa y errónea de la ley.

La respuesta de Jesús
Ante esta pregunta de los fariseos, la respuesta de Jesús fue un rotundo "no'. Y
fundamentó su "no" citando justamente a Moisés en el texto de Génesis 2.24. Se trata de
la ley fundacional establecida por Dios al instituir el matrimonio: "Por esto el hombre
dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne". Y Jesús
lo reforzó añadiendo: "Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto lo
que Dios unió, no lo separe el hombre".

(Resulta interesante que
Marcos en su evangelio,
al relatar el mismo
episodio, dice que los
fariseos le preguntaron “
si era lícito al marido
repudiar a su mujer",
sin agregar "por
cualquier causa”; y la
respuesta de Jesús en
ambos casos fue la
misma).

El contraataque de los fariseos
Ante la respuesta negativa de Jesús, los fariseos creyeron haber descubierto finalmente a
Jesús contradiciendo a Moisés; Preguntaron: "¿Por qué, pues, mandó Moisés dar carta
de divorcio, y repudiarla?'. Como diciendo ¿cómo es que tú dices que no cuando
Moisés dice que sí?
Jesús no ignoraba la única excepción que la ley hacía en cuanto al divorcio, según
Deuteronomio 24.1-4. Pero los fariseos, escudándose en esa excepción, (texto que luego
analizaremos), habían convertido la práctica del divorcio en una alternativa válida y
permitida por Dios, y la excepción se había constituido casi en una regla general, tal
como sucede también en nuestros días,
Jesús les señaló a los fariseos la razón de la excepción: "Por la dureza de vuestro
corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así".

El único caso de divorcio permitido en el Antiguo Testamento
¿En qué caso Moisés permitió el divorcio?
Según las declaraciones de
Jesús, los que se
divorcian y se casan
de nuevo, o los que se casan
con personas divorciadas, están en
adulterio. Todos los textos lo reiteran de
un modo claro y
terminante.
 
La respuesta está en Deuteronomio 24.1-4. El primer versículo dice: "Cuando alguno
tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna
cosa indecente, le escribirá carta de repudio...".
Este texto señala dos cosas. La primera es el tiempo. El momento en el que se puede
producir el divorcio es apenas se ha consumado el matrimonio. : "Cuando alguno
tomare mujer y se casare con ella”. La segunda tiene que ver con las condiciones en
las que este divorcio se permite: "Si no le agradare por haber hallado en ella algo
indecente". Como esta expresión no resultaba muy explícita, había dado lugar a
diferentes interpretaciones entre los judíos. En los días de Jesús, los más liberales, de la
escuela del rabino Hillel, sostenían que el hombre podía repudiar a su mujer por
cualquier causa. Otros seguían la interpretación del rabino Sammai, quien afirmaba que
"alguna cosa indecente" se refería al adulterio.
Los versículos 2 al 4 de Deuteronomio 24 señalan varias cosas:
* Que la ruptura o el divorcio debía hacerse formalmente, por escrito, y era de carácter
definitivo.
* Que en este único caso, los divorciados quedaban libres para casarse con otra persona
Prácticamente constituía una anulación del matrimonio recién contraído.
* Que el primer marido no podía volver a tomar a la mujer que había repudiado si es
que ella habla tenido otro marido después.
La dificultad principal de este pasaje radica en el versículo 1, por su aparente falta de
claridad.
Ante esto, Jesús (que nunca cayó en contradicciones con Moisés) dio la correcta
interpretación, al declarar: "Y yo os digo que cualquiera que repudia a su mujer, salvo
por causa de fornicación, y se casa con otra, adultera; y el que se casa con la repudiada,
adultera" (Mt. 19.9).

La cláusula de excepción
 ¿Qué significa "salvo por causa de fornicación"? La clave para interpretar bien estas
palabras de Jesús es conocer el significado de la palabra 'fornicación" específicamente
en este pasaje. Nos equivocaríamos si aplicáramos a este texto los diferentes
significados que tiene la palabra "fornicación" en toda la Biblia, pues es bien sabido que
en las Escrituras una misma palabra puede tener diferentes sentidos.

Veamos algunos ejemplos.
La palabra "mundo" (en griego: "cosmos"), tiene en las Escrituras distintos significados:
en Efesios 1.4, es sinónimo de "universo"; en Salmos 24.1, de "planeta tierra"; en Juan
3.16, de "toda la humanidad"; y en 1 Juan 2.15 ("no améis al mundo") se refiere al
sistema de sociedad actual, rebelde y enemiga de Dios.
Sería un error de interpretación hacer una suma total de los diferentes significados y
aplicarlo a cada versículo de la Biblia donde aparece el término "mundo".  5

Lo mismo sucede con la palabra "carne" ("sarx",
en griego). A veces significa la carne física, el
cuerpo; otras veces, la humanidad; en otras, la
fragilidad humana; y en otras ocasiones se refiere
a nuestra naturaleza pecaminosa. Del mismo
modo, la palabra "fornicación" (en griego:
"pomeia") tiene en la Biblia por lo menos cinco
significados diferentes:
*Fornicación: Relación sexual entre solteros (por
ej.: 1º Co. 7.2; Dt. 22.21; Lv. 19.29; 1º Ts. 4.3-4).
*Fornicación: Unión ilícita, prohibida por la ley
de Dios (1º Co. 5.1; ver Dt. 22.30; Lv. 18.8; Dt. 27.20).
*Fornicación: Todo tipo de pecado sexual incluido el adulterio (1º Co. 6.13-18; Nm.
25.1).
*Fornicación: Prostitución y comercio sexual de remeras. La palabra "ramera' en
griego es "porne", tiene la misma raíz (Le. 15.30; 1º Co. 6.16).
*Fornicación: Infidelidad espiritual, idolatría. (Jer. 3.6; Ez 23; Ap 17.1-2).

Resulta claro que no se le puede dar a la palabra "fornicación" la suma de todos los
significados.
Ahora bien, quién es la autoridad que determina cuál es el significado de la palabra
"fornicación" en cada caso, o por lo menos en la cláusula de excepción que estamos
considerando. La interpretación correcta está dada por el sentido lógico del mismo
texto, del contexto y del resto de las Escrituras.
Cristo afirma en Lucas 16.18 que "todo aquel que repudia a su mujer y se casa con
otra, adultera; y el que se casa con la repudiada del marido, adultera". Observemos
que el adulterio cometido por el hombre no libera a su esposa inocente para poder
casarse con otro.
El mismo texto de Mateo 19.9, si lo leemos con cuidado, nos impide darle a la palabra
"fornicación" en este pasaje el significado de adulterio, pues aunque el marido haya
cometido adulterio al divorciarse y casarse con otra mujer, Cristo nos advierte que la
mujer repudiada e inocente adultera si se casa con otro.
Por lo tanto, no se puede considerar el adulterio como causal de divorcio con la
posibilidad de contraer un nuevo matrimonio.
Según el sentido del texto, y de otros textos comparativos, la palabra "fornicación" en
Mateo 19.9 y 5.32, no tiene el significado de adulterio. Los dos sentidos posibles son:
Haber tenido relaciones sexuales siendo soltero/a, o estar en una unión ilícita, la que
debe ser disuelta.
Es también importante notar que Jesús nunca dijo: "Salvo por causa de adulterio" (en
griego: "moicheia"). Siempre dijo: "Salvo por causa de fornicación" (en griego:
"porneia"). Y cuando una persona divorciada se casa con otra nunca dice que comete
"porneia" sino "moicheia". "Cualquiera que repudie a su mujer, salvo por causa de
“porneia” (fornicación), y se casa con otra “moicheia” (adultera)”; y el que se casa
con la repudiada, moicheia (adultera)" (Mt. 19.9).
Las mismas declaraciones de Jesús impiden darle a la palabra "porneia" en Mateo 5.32
el significado de adulterio.

Esto explicaría lo dicho por Moisés: "Cuando alguno tomare mujer y se casare con
ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa indecente, le escribirá
¿Que significa “salvo
por causa de
fornicación”? La clave
para interpretar bien
estas palabras de
Jesús es conocer el
significado de la
palabra “fornicación”
específicamente en
pasaje.
 
carta de divorcio...... El hombre al casarse, ¿qué puede encontrar en la mujer que sea
indecente? El sentido más probable es que encuentre que su mujer no es virgen.
Cuando aparecía este tipo de situación al casarse existían, según la ley, dos
procedimientos a seguir: Si había en la pareja litigio, el marido podía encarar un
JUICIO PUBLICO. Si la cosa fuera sin litigio, y él no la quisiera como esposa, debería
redactar una CARTA DE REPUDIO y despedirla definitivamente.

Deuteronomio 22.13-21 explica el procedimiento a seguir en caso de litigio entre el
marido y la mujer y que requiriera para su resolución un juicio oficial. Si se comprobaba
la inocencia de la mujer y su virginidad, él debía pagar una multa al padre de ella "y la
tendrá por mujer, y no podrá despedirla en todos sus días" (v. 19). Pero si se
demostraba que ella no era virgen al momento de casarse, debía ser apedreada y muerta
(vv. 20-21).
Deuteronomio 24.1-4 señala el otro procedimiento a seguir cuando surgía el problema.
Si el marido quería anular el reciente casamiento "por haber hallado en ella algo
indecente", indecencia que ella no negaba, redactaba una carta de divorcio, se la
entregaba y ambos quedaban libres.

Cristo se refiere a estos casos al decir: "Salvo por cansa
de fornicación". Es decir, sólo en estas circunstancias si
el hombre se divorcia y se casa de nuevo no comete
adulterio, y si la mujer repudiada se casa con otro no
adultera (tampoco el que se case con ella).
Por supuesto, el marido tiene otra posibilidad: perdonarla
y recibirla como su esposa.
De modo que la enseñanza de Moisés y la de Cristo
coinciden. Cristo no contradice a Moisés sino lo ratifica
y lo esclarece.
¿Por qué Mateo es el único que incluye la cláusula de excepción?
Según mi parecer, como Mateo escribe su evangelio para los judíos, toma el cuidado de
mencionar la excepción para que no aparezca que hubiera una contradicción entre
Moisés y Jesús. La cláusula de excepción en realidad tiene una utilidad práctica muy
remota.
¿Cuál era la intención de la ley en Deuteronomio 22.13-21 y 24.1-4?

*"Advertir a todas las niñas y doncellas de Israel que mantuvieran su virginidad hasta el
día de su casamiento.
*"Que si alguna doncella hubiera pecado y perdido su virginidad, sabiendo los riesgos
que corría, confesara antes de casarse su verdadero estado a su pretendiente (lo mismo
debería hacer el varón).
*“Que en caso de que la mujer estuviera en falta y él no la quisiera como esposa,
tuvieran una opción pacífica para resolver el conflicto sin necesidad de recurrir al juicio
público y la consecuente pena de muerte.
*“Proteger a la mujer repudiada para que el hombre que la había repudiado no tuviera
de allí en más ninguna facultad sobre ella.
* Dejarlos libres a ambos para contraer nuevo matrimonio, pues prácticamente se
trataba de una anulación del casamiento recién realizado.

LAS INSTRUCCIONES DEL APOSTOL PABLO

Observemos que el
adulterio cometido
por el hombre no
libera a su esposa
inocente para poder
casarse con otro.
  7
1º Corintios 7:
Este es el pasaje más extenso y quizás el único de las epístolas que aborda esta cuestión.
Por lo que dice el versículo 1, Pablo está respondiendo a una serie de cuestiones que le
habían planteado los hermanos de Corinto.
Se trata de una de las pocas ocasiones en las que Pablo distingue con claridad lo que
dice el Señor y su parecer personal.

Encuadrado dentro de ese consejo personal, Pablo recomienda a los solteros, las
doncellas y los viudos que, si tienen el don de continencia, sigan su ejemplo de
mantenerse célibes, porque "el tiempo es corto", y para dedicarse más al Señor. Pero
les hace ver muy claro que si se casan "no peca"; si se casan "hacen bien" y si no se
casan "hacen mejor". Pero en ningún lugar les dice a los divorciados que si se casan
no pecan.

En los versículos 10 y 11 habla de la situación de los casados: "Pero a los que están
unidos en matrimonio, mando, no yo, sino el Señor: que la mujer no se separe del
marido; y si se separa, quédese sin casar o reconcíliese con su marido; y que el
marido no abandone a su mujer".

El Señor dice claramente que no se separe". Pero si la separación de todos modos se
produjera, ya sea por desobediencia al Señor, o porque la convivencia se ha vuelto
insostenible, o porque el cónyuge incrédulo decide separarse o divorciarse; las
alternativas son dos: "Quédese sin casar o reconcíliese con su marido".

La separación es un primer mal (al cual a veces hay que resignarse). Contraer un nuevo
matrimonio constituiría un segundo error, mucho más grave que el primero, pues sería,
según las palabras de Jesús, cometer adulterio. Por eso Pablo enfatiza: "Mando, no yo,
sino el Señor".

En los versículos 12 al 16, el apóstol aborda una situación puntual: el caso de un
matrimonio en el que uno de los dos se convierte y el otro no. Leyendo cuidadosamente
estos versículos, notamos lo siguiente:
*El cónyuge creyente no debe abandonar al no creyente.
*Si el cónyuge no creyente se separa, el creyente debe aceptar con paz esta situación.
*En ningún lugar de este capítulo dice que el creyente abandonado por su cónyuge infiel
puede volver a casarse.

Los que ven en el versículo 15 una
libertad para casarse con otro, están
sacando el texto fuera del contexto.
En los versículos 10 y 11, Pablo
deja bien establecido que si se
produce la separación, se debe
quedar sin casar.
Aquellos que argumentan que la
palabra "corizo" significa
"separación por divorcio vincular",
se equivocan pues el mismo verbo
"corizo' aparece en los versículos 10
y 11 del mismo capítulo, donde se señala claramente que ninguno de los dos tiene
El Señor dice claramente
“que no se separe”. Pero si la
separación de todos modos se
produjera, ya sea por desobediencia
al Señor, o porque la convivencia
se ha vuelto insostenible, o
porque el cónyuge incrédulo
decide separarse o divorciarse;
las alternativas son dos: “Quédese
sin casar o reconcíliese
con su marido”.  8
libertad de casarse de nuevo. Además, el mismo término se usa en Hechos 1.4 y 18.1.
Fácilmente se aprecia que no se refiere a un divorcio vincular sino simplemente a una
"separación", y a veces a una separación temporal como en el caso de Onésimo y
Filemón (Flm. 15). De modo que a la luz de las declaraciones de Cristo, y de lo escrito
por Pablo en 1º Corintíos 7.10 y 11, el versículo 15 se debe interpretar sencillamente
como que una mujer creyente, abandonada por su marido incrédulo, no está obligada a
seguir siendo su esposa, puede quedarse sola y en paz. Pero el texto no dice que está
libre para casarse con otro varón. Los que tal cosa afirman, simplemente lo hacen por
una deducción.
El único caso en donde Pablo explícitamente dice que la mujer está libre para contraer
nuevo matrimonio es en el caso en que enviude: "la mujer casada está ligada por la ley
mientras su marido vive; pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien
quiera, con tal que sea en el Señor" (1º Co. 7.39).
Aunque Pablo en Romanos 7 está hablando sobre otro tema, está señalando el mismo
principio en los versículos 2 y 3: "Porque la mujer casada está sujeta por la ley al
marido mientras éste vive, pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del
marido. Así que, si en vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adultera;
pero si su marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro
marido, no será adultera"
Pablo dice aquí exactamente lo mismo que Jesús. Es que no podría ser de otro modo.
La mujer casada, si en vida del marido, se casa con otro hombre será llamada "adúltera".
Tanto para Jesús como para Pablo, la segunda unión es adulterio.

DIOS ABORRECE EL DIVORCIO

En el último libro del Antiguo Testamento, Dios, a través del profeta Malaquías, habla
muy airado contra los sacerdotes de lsrael. En su enérgica protesta les dice: “Maldeciré
vuestras bendiciones, y aún los he maldecido...” (Mal.2.2) ¿Por qué? En el capítulo 2
de Malaquías, Dios les señala concretamente tres pecados: El hacer acepción de
personas (vv. 9-10); el profanar el santuario casándose con mujeres paganas (vv. 11-12);
y el divorciarse de sus esposas (vv. 13-16). Este pasaje es tremendo:
"El Señor es testigo de que tú has faltado a la promesa que le hiciste a la mujer con
quien te casaste cuando eras joven. ¡Era tu compañera y tú le prometiste fidelidad! El
Señor, Dios de Israel, el Todopoderoso, dice: ¡Cuiden pues, de su propio espíritu, y no
sean infieles; pues yo aborrezco al que se divorcia de su esposa y se mancha cometiendo
esa maldad!" (V. D.H.H.).

Dios aborrece al que se divorcia de su esposa, porque falta a su compromiso, al pacto
que hizo al casarse con ella.
Sencillamente, Dios aborrece todo tipo de divorcio, y tolera únicamente la excepción
señalada por él.

LO MINIMO Y LO IDEAL
Algunos sostienen que lo ideal es no divorciarse y vivir toda la vida con el mismo
cónyuge, pero dada la realidad del pecado y la complejidad de los seres humanos,
debemos ser más flexibles y admitir el divorcio y la posibilidad de que la gente pueda
rehacer su vida contrayendo un nuevo matrimonio.

Yo pregunto: "¿Quién es el que manda, nosotros o el Señor?". "¿Cuál es la palabra que
define, la nuestra o la de él?".  9
Si para Cristo el divorciarse y casarse de nuevo es adulterio, pregunto: "¿El no cometer
adulterio es lo ideal o lo mínimo que Dios exige?".
¿No dice la Palabra de Dios que los adúlteros no heredarán el reino de Dios? (1º Co.
6.9-10).

Lo ideal es que el marido ame siempre a su
esposa como Cristo amó a la iglesia.
Lo ideal es que la mujer siempre, con un
espíritu afable y apacible, respete a su marido y
se sujete a él.
Lo mínimo que Dios exige es que seamos fieles
a nuestro pacto matrimonial y que no
cometamos adulterio abandonando a nuestro
cónyuge y contrayendo un nuevo matrimonio.

RESUMIENDO
Divorciarse y casarse de nuevo es cometer adulterio.
Casarse con una persona divorciada es cometer adulterio.
El repudiar al cónyuge es exponerlo al adulterio.
El adulterio de uno de los dos, no libera al cónyuge inocente para casarse con otro.
Si un matrimonio se separa, ambos tienen sólo dos alternativas: quedarse sin casar o
reconciliarse.
En un matrimonio mixto, el cónyuge creyente no debe tomar la iniciativa de la
separación.
La única excepción permitida de divorcio con la posibilidad de contraer nuevo
matrimonio es cuando al casarse se descubre que ha habido inmoralidad sexual; y esta
permisión es por causa de la dureza del corazón.

El hecho de que las leyes de un país permitan el divorcio vincular no modifica en nada
la situación de los cristianos, pues nosotros estamos bajo el gobierno de Dios y de sus
leyes que permanecen para siempre.

(Para un estudio más amplio sobre este tema, recomiendo el libro:
"Hasta que la muerte los separe", por Keith Bentson, de Editorial Logos).

sábado, 14 de diciembre de 2013

Sobre el bautismo de los recasados. K. Bentson


Reunión del Presbiterio 14 de mayo de 2002    Zona Sur Gran Buenos Aires

Comentario preliminar:
Estamos tratando un tema, no solamente de contenido doctrinal, sino también, moral. Es decir, estamos tocando cuestiones delicadas. Digamos que en la iglesia del Señor, lo ideal sería que toda la iglesia universal estuviera unánime en su convicción acerca de cuestiones morales, como el divorcio y recasamiento como en otros temas, también.  Pero no lo está. Entonces, el peldaño más abajo sería que cada familia de iglesias (las denominaciones) tuviera su propia convicción y práctica unánimes; pero tampoco ha resultado así. Otro peldaño más abajo sería disfrutar de una unanimidad en los presbiterios o zonas para que la iglesia diera un sonido claro al mundo, aunque sea sólo  en su limitada zona. ¿Pero, qué hacemos cuando ni en un presbiterio existe un sentir igual entre todos? El último peldaño de la escalera es la misma congregación. En esta instancia, no puede haber dos posturas sobre cuestiones morales en una misma congregación. Pues bien, en nuestras comunidades, cuando hay diferencias de orden moral, se nos impone el deber de pensar, escuchar, hablar y actuar con prudencia. Estamos representando a Cristo Jesús con nuestras convicciones y prácticas. Dios nos acompañe en este tramo.



Consideraciones sobre un aspecto de la problemática de los recasados:
¿se les concede o no el bautismo sin que se aparten del adulterio?

INTRODUCCIÓN:
La base sobre la cual fundamentaremos nuestras consideraciones es "El que se divorcio de su mujer y se casa con otra comete adulterio; y el que se casa con la divorciada también comete adulterio".
No vamos a tratar el caso de los solteros que viven en concubinato;
Ni argumentar sobre si el adulterio o el abandono en el matrimonio justifican o no un subsiguiente divorcio y recasamiento;
Más bien, nuestra línea de pensamiento se dirige hacia aquellos que creen que el recasamiento, mientras viva el verdadero cónyuge (exceptuando los casos comprendidos por Moisés en Deut. 24 y Jesús en Mt. 19), siempre es adulterio, tanto en el caso de incrédulos o de creyentes.

I.  CÓMO  EVANGELIZABA  JESÚS
Nuestro Señor no fue clasificado como evangelista, sino como maestro. Evangelizaba, pero evangelizaba enseñando. Enseñaba directamente sobre cuál era la voluntad de Dios para la vida de los hombres. Los mismos milagros de Jesús enseñaban el poder, misericordia y amor del Padre. Pero el acatamiento a  las enseñanzas morales de Cristo definían cuál sería la verdadera  relación eterna de un pecador con Dios.  Los hombres serán juzgados por su  fe y obras, pues los dos aspectos no están en pugna el uno con el otro: obediencia es fe, y fe va unida a la obediencia.

San Pablo, también, se veía como maestro de las naciones:
Porque hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, quien dio su vida como rescate por todos. Este testimonio Dios lo ha dado a su debido tiempo, y para proclamarlo me nombré heraldo y apóstol. Digo la verdad y no miento: Dios me hizo maestro de los gentiles para enseñarles la verdadera fe  (I Tim. 2.5-7).
Nosotros, también, estamos enseñando a las naciones el camino de Cristo.

El Sermón del Monte viene a ser el mejor resumen de las enseñanzas de Jesús. Él terminó su discurso advirtiendo que sólo los que edificaban su vida sobre sus enseñanzas serías salvos:
Pero todo el que me oye estas palabras y no las pone en práctica es como un hombre insensato que construyó  su casa sobre la arena. Cayeron las lluvias, crecieron los fríos, y soplaron los vientos y azotaron aquella casa, y ésta se derrumbó, y grande fue su ruina  (Mt. 7.26,27).

Entren por la puerta estrecha. Porque es ancha la puerta y espacioso el camino que conduce a la destrucción y muchos entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosto el camino que conduce a la vida, y son pocos los que la encuentran (Mt. 7.13,14).

Las enseñanzas de Jesús, además de señalar la voluntad de Dios, ponían de manifiesto el pecado en el corazón humano:
Si yo no hubiera venido ni les hubiera hablado, no serían culpables de pecado. Pero ahora no tienen excusa por su pecado (Jn. 15.22).

De ahí, Jesús predicaba el arrepentimiento para alcanzar el perdón de los pecados.
¿De la misma manera, todos ustedes perecerán, a menos que se arrepientan (Lc. 13.3).
Él siguió la misma predicación de Juan el Bautista: Juan había retado a Herodes, aunque éste no era judío. A los fariseos y saduceos, les advirtió:
¡Camada de víboras! ¿Quién les dijo que podrán escapar del castigo que se acerca? Produzcan frutos que demuestren arrepentimiento (Mt. 3.7,8).

Cuando la gente se arrepentía, eran bautizados confesando sus pecados:
Acudía a él la gente de Jerusalén, de toda Judea y de toda la región del Jordán. Cuando confesaban sus pecados, él los bautizaba en el río Jordán (Mt. 3.5,6).

El bautismo dependía de su arrepentimiento, su confesión y de su disposición de abandonar el pecado. Juan hasta detallaba algunos pecados:
El que tiene dos túnicas debe compartir con el que no tiene ninguna... el que tiene comida debe hacer lo mismo... No cobren más de lo debido... No extorsionen a nadie ni hagan denuncias falsas... conformense con lo que pagan. Y con muchas otras palabras exhortaba Juan a la gente y le anunciaba las buenas nuevas ...  reprendió al tetrarca Herodes por el asunto de su cuñada Heródias (Lc. 3.10-19).

Luego, seguía el bautismo:
Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautízándose con el bautismo de Juan. Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan (Lc. 7.29,30).

Este comentario ilustra el contexto y el significado de las últimas palabras de nuestro Señor:
El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado (Mc. 16.16).

"Creer" significaba que una persona conocía la palabra de Cristo y se consagraba a obedecerla. Lo vemos en el caso del joven rico:
¿Maestro bueno, qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?... Todo eso lo hE cumplido desde que era joven... Todavía te falta un a cosa vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego, ven y sígueme. Cuando el hombre oyó esto, se entristeció mucho, pues era muy rico. Al verlo tan afligido, Jesús comentó: ¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! Los que lo oyeron preguntaron: ¿Entonces, quién podrá salvarse? Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios -aclaró Jesús (Lc. 18.18-27).

El mismo trato encontramos en el caso de la mujer samaritana cuando Cristo le puntualizó su adulterio:
Señor, dame de esa agua para que no vuelva a tener sed... Ve a llamar a tu esposo, y vuelve acá -le dijo Jesús. No tengo esposo...Bien has dicho que no tienes esposo... has tenido cinco, y el que ahora tienes no es tu esposo... (Jn. 4.15-18).

O sea, virtualmente, Jesús, al procurar llevar una persona a Dios, le daba una orden que servía para poner a prueba su fe y obediencia. Le daba lugar para considerar bien lo que significaba entregarse a él:
Supongamos que alguno de ustedes quiere construir una torre. ¿Acaso no se sienta primero a calcular el costo, para ver si tiene suficiente dinero para terminarla?... O supongamos que un rey está a punto de ir a la guerra contra otro rey. ¿Acaso no se sienta primero a calcular ...? De la misma manera, cualquier de ustedes que no renuncie a todos sus bienes, no puede ser mi discípulo (Lc. 14.28-33).

Antes de pronunciar estas palabras, el Señor había aclarado a mucha gente lo siguiente:
Grandes multitudes seguían a Jesús; y él se volvió y les dijo: Si alguno viene a mí y no sacrifica el amor a su padre y a su madre, a su esposa y a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y aun a su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no carga su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo (Lc. 14.25-27)..Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les  digo que muchos tratarán de entrar y no podrán (Lc.13.24.).

Ser discípulo equivale ser salvo; entregarse, seguir, obedecer.

II.  NUESTRO  ENFOQUE  Y  FIN  EN  LA  PREDICACIÓN
Predicar las buenas nuevas incluye (en parte) predicar sobre la realidad del pecado, de qué consiste el pecado y las consecuencias temporales y eternas que acarrea. Lógicamaente, esto incluye la ley sobre el matrimonio como todas las leyes morales de Dios, de Cristo y de los apóstoles. Sin conciencia de pecado el pecador no necesita un salvador. Sin conciencia de su ignorancia, no necesita un maestro. Sin conciencia de su culpa, no necesita perdón.

La ley vino por Moisés, pero la gracia vino por Jesús. En su gracia, en su  bondad, Jesús nos enseñó plenamente acerca del pecado; el pecado en el corazón humano, en el mundo, en Satanás. Su ley iluminó la confusión y trajo a luz la verdad y la justicia. Era una gracia de Dios que Cristo enseñara sobre el pecado, pues lo que mata no es la ley sino el pecado.
¿Qué concluiremos? ¿Que la ley es pecado? De ninguna manera! Sin embargo, si no fuera por la ley, no me habría dado cuenta de lo que es el pecado. Por ejemplo, nunca habría sabido yo lo que es codiciar si la ley no hubiera dicho: No codicies .. Concluimos, pues, que la ley es santa, y que el mandamiento es santo, justo y bueno  (Rom. 7.7, 12 ).

También, en su gracia, Dios nos proporciona el poder para renunciar al pecado y vivir en justicia y santidad:
Ciertamente les aseguro que todo el que peca es esclavo del pecado...  si el Hijo los libera, serán ustedes verdaderamente libres (Jn. 8.34-36).
En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación, y nos enseña a rechazar la impiedad y las pasiones mundanas. Así podremos vivir en este mundo con justicia, piedad y dominio propio... (Tito 2.11-12).

Aunque no debemos tener una obsesión con el mal del adulterio, sí nos corresponde ser claros en denunciarlo en todas sus formas. Todo pecado es pecado, pero entre ellos, en toda sociedad, ciertos pecados constituyen el flagelo más evidente y de mayores consecuencias sociales. Entre ellos, hoy día, el divorcio y el recasamiento minan el mismo fundamento de la vida humana, con consecuencias morales, espirituales, psicológicas y económicas de inestimable alcance. Entre las consecuencias figura también la ira de Dios.

Pareciera que ciertos pecados de la sociedad fueron más denunciados por Jesús: la codicia, la avaricia, el amor al dinero. Los que practican estos males no heredarán el reino de Dios. También, nuestro Señor enfatizó la falta de perdón hacia otros como impedimento absoluto a la entrada de su reino.
Así también mi Padre celestial los tratará a ustedes, a menos que cada uno perdone de corazón a su hermano (Mt. 18.35).

III. LA  APLICACIÓN
En vez de hacer la pregunta: ¿Bautizamos a los divorciados y recasados?, corresponde primero hacernos la pregunta si les hemos predicado suficientemente la verdad acerca del matrimonio para que tengan plena conciencia de en qué consiste el pecado, y el porqué el recasamiento es un adulterio. Como Jesús, somos primero maestros. (Alegamos, sin titubeos, que hoy no se predica ni se explica la verdad divina acerca del divorcio y la gravedad del recasamiento.)

De ahí, debemos dar lugar a que el Espíritu Santo haga su obra: su primera obra es la de convencer al mundo de pecado, de justicia y de juicio.

Ampliemos la lista de pecados más allá del adulterio: Si el estilo, la característica, de una vida es de robar, mentir, ser iracundo, cometer inmundicias sexuales, ser orgulloso, etc., y el pecador se resiste a arrepentirse, a confesar, a abandonar, ¿qué derecho tengo yo de bautizarlo? No puede existir una fe que trae perdón si no acompaña el arrepentimiento. (Permitir eso ya sería predicar "otro" evangelio.)

IV.  PREGUNTAS
¿Qué hago si una persona iluminada en algún grado ya quiere bautizarse y yo tengo conocimiento de graves pecados en su vida?
Le enseño hasta que su conciencia contaminada reciba la luz necesaria para confesar sus pecados y tomar la decisión de apartarse de ellos. De esta manera yo lo ayudo a tener un verdadera fe en Cristo.

¿No es muy difícil para una persona, viviendo de segundas nupcias ilícitas, tomar la decisión de dejar de vivir con su segundo cónyuge?
Ciertamente, es difícil, como también es difícil para el rico entrar al reino. Jesús lo expresó de esta manera, con una hermosa salvedad:
¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios¡ ...Entonces, ¿Quién podrá salvarse? ... Lo que es imposible para los hombres es posible para Dios (Lc. 18.24-27).

Pero, si no bautizamos a los padres que viven ilícitamente, ¿cómo serán afectados los hijos?
Los hijos pueden ser ganados, a pesar de la condición de los padres, pues son más susceptibles al bien y al mal que los mismos padres. Debemos recordar, además, que si los padres, por no ser ejemplos en la justicia y la fe, resultaran tropiezo para los hijos, según Jesús sería mejor que una piedra de molino fuera atada a su cuello y fueran echados al mar.

4. Pero, ¿no es cierto que nadie, al convertirse, tiene total conciencia puntual de todos sus pecados para poder arrepentirse de ellos?        
Ciertamente. Pero al mismo tiempo tiene que haber suficiente luz para que sepa que está lejos de Dios, que su vida no agrada a Dios; y tiene que entender que desde aquí en adelante va a seguir en obediencia al Señor. Y en este primer tramo de iluminación, nos corresponde enseñarle todo aspecto del evangelio para que su fe sea firme y aceptable a Dios. Si viene al caso enseñarle especialmente sobre las drogas, la mentira, la lujuria, el recasamiento, etc., lo haremos. Lo urgente es guiarlo al arrepentimiento, no al bautismo.

¿Con qué derecho puedo negarle al recasado el bautismo? ¿Dónde lo dice la Biblia?
La Biblia no dice explícitamente que les neguemos el bautismo a los recasados. Tampoco lo dice referente a los ladrones, mentirosos, avaros, blasfemos, etc. Solamente afirma que los tales no heredarán el reino de Dios. Nosotros no predicamos "la iglesia"; a donde podemos permitir que pecadores entren; predicamos el reino de Cristo donde los pecadores no arrepentidos no pueden entrar.
En nuestra humanidad hay casos en que no predicamos adecuadamente, y gente no suficientemente iluminada o arrepentida es bautizada por nosotros. El apóstol Pedro tuvo un caso así: Simón, quien había sido hechicero, oyó el evangelio, creyó y se bautizó. Pero llegó la ocasión en que se puso de manifiesto que su corazón estaba lleno de maldad. Pedro le espetó con estas palabras:
¡Qué tu dinero perezca contigo, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado (Hechos 8.20-23).
Ni la confesión ni siete bautismos ocupan el lugar del arrepentimiento y de la fe. A veces nos equivocamos, y no hay condenación por ello. Pero en cuanto salga a luz nuestro error, nos corresponde hacer la corrección.

¿Porqué no sería legítimo primero bautizar a la gente, viendo su sinceridad, y luego oportunamente enseñarles acerca de su verdadero estado adulterino delante de Dios?
No veo, para nada, que eso fuera la práctica de Jesús o de los apóstoles. Ellos predicaron, y aun exhortando sobre la urgencia del arrepentimiento y la fe, no presentan ninguna insinuación que bautizaran sabiendo que el oyente vivía en franco pecado: no bautizaron ni adúlteros, ni idólatras, ni ladrones.
En el caso de la masa de gente que se bautizó en el  día de Pentecostés, debemos recordar que Pedro estaba frente a miles de personas temerosas de Dios -no eran paganos de los gentiles-, que conocían plenamente el ministerio y mensaje de Juan el bautista, como también el de Jesús. Además, estos miles experimentaron con sus ojos y corazón un super abundante derramamiento del Espíritu Santo, lo cual traía consigo una aguda convicción de muchos pecados. Además, terminado el discurso de Pedro, dice el texto:
Y con otras muchas palabras testificaba y  les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación (Hechos 2.40).

¿Podemos imaginar, con toda esta luz y presencia de Dios, que no hubiera en ese día una gran explosión de arrepentimiento de parte de todos los que se bautizaban? ¡Se arrepintieron! Cambiaron de parecer acerca de Jesús y de su palabra. Dieron sus espaldas a toda perversidad.  Si había entre los candidatos algunos adúlteros, algunos viviendo con una persona que no era su legítimo cónyuge (y es más que probable que hubo), ellos, tomando la decisión de dejar de pecar más -aunque necesitasen de algún tiempo para ordenar todo aspecto de su situación- , con una confesión al estilo de Juan el Bautista, podrían bautizarse con limpia conciencia.

Durante los siglos venideros también los pecadores se han arrepentido de toda forma de inmundicia sexual y matrimonial, de falsedad, de idolatría. Tal vez solo en nuestra generación ha habido tanta liviandad referente al divorcio y al recasamiento. No ha habido enseñanza adecuada, y cuando la hubo, era en buena parte defectuosa. Tenemos vergüenza.

A esta altura, tengo que hacer dos preguntas referentes a la postura que estamos considerando: Él que recibe el bautismo mientras aún vive en una relación ilícita , ¿qué pensará al descubrir a dos semanas, o a dos meses, o a dos años, que su pastor lo bautizó sabiendo de su estado ilícito, sin que le dijera nada al respecto? ¿Qué esperará su pastor de él ahora? ¿Tendrá que apartarse de su adulterio? ¡Pero ya fue bautizado en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo!  ¿Hay mayor autoridad que esta? Todo esto representa un dilema para el recién bautizado.

V.  NUESTRO PRESBITERIO
Sencillamente, les agradezco por su respeto hacia mi persona, y por su reconocimiento de mi autoridad espiritual sobre esta zona y presbiterio. Ya saben, por lo que he expuesto, que con conciencia limpia no puedo apoyar una postura que considero falta de esencia moral y bíblica. Quiero tener compasión de todos los divorciados y recasados; por eso, con lágrimas estoy dispuesto a enseñarles el camino de Jesús.

También, respeto la carga y las convicciones de cualquiera de ustedes que no comparta mi entendimiento. Pido que por un tiempito ustedes consideren y conversen entre sí acerca de estas cuestiones, estudiando las observaciones que he hecho en este escrito. Si después hay varios de ustedes que siguen con inquietudes al respecto, sugeriré que se haga una especie de convocatoria con los hermanos mayores y con los colegas nuestros que forman el grupo de enlace. Dios nos guiará.

Keith Bentson

viernes, 6 de diciembre de 2013

LA ÚLTIMA CARTA DEL APÓSTOL PABLO - Jorge Himitian


INTRODUCCIÓN

Pablo escribe esta carta desde la prisión. Es su segundo encarcelamiento en Roma (1.8: … preso suyo… / 2.9: … sufro penalidades, hasta prisiones a modo de malhechor…).

Su primer encarcelamiento en Roma está registrado en Hechos 28. En esa oportunidad había escrito las epístolas a los Efesios, Filipenses, Colosenses y a Filemón. En su primer encarcelamiento Pablo tenía el pálpito que sería liberado (Fil.1.19-26). Y así sucedió.

Pero esta vez escribe otra cosa. Por eso muy probablemente este fue su último encarcelamiento. “Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano” (4.6).

¿Qué les escribirías a tus discípulos si estuvieras preso y supieras que es tu última carta?

En esta epístola, más allá de advertirle del carácter perverso que tendrán algunos hombres en los postreros días, a los cuales aconseja evitar (cap.3), es fácil observar que Pablo le hace a Timoteo, su hijo espiritual y colaborador, tres grandes apelaciones:
I.   Llamado a la evangelización
II.   Llamado a transmitir fielmente la palabra de Dios.
III. Llamado a ser esforzado en el ministerio

Pablo se pone como ejemplo de lo que le pide a Timoteo al escribirle (4.7):

HE PELEADO LA BUENA BATALLA,
HE ACABADO LA CARRERA,
HE GUARDADO LA FE

¿Cuál es la batalla que Pablo peleó?
¿Cuál es la carrera que completó?
¿Qué significa haber guardado la fe hasta el final?

En el desarrollo del tema podemos encontrar estas respuestas.

I. LLAMADO A LA EVANGELIZACIÓN

El primer llamado que hace a Timoteo es a la evangelización.

1.6-11:
6 Por lo cual te aconsejo que avives el fuego (anazopureo) del don (carisma) de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. 7 Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. 8 Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,
9 quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, 10 pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, 11 del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los gentiles.

4.1-5:
1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina.
3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.
5 Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.

El primer tema que Pablo aborda frontalmente al escribirle a Timoteo es la EVANGELIZACIÓN. Pablo era un apóstol. Una de las principales funciones de un apóstol es evangelizar. Su pasión es llegar a nuevos lugares, predicar, hacer discípulos, plantar nuevas iglesias, formar obreros, levantar pastores, estabilizar la obra, y seguir a otros lugares. Pero Pablo es conciente que está al final de su carrera. “El tiempo de mi partida está cercano”. Su primera preocupación es que la acción evangelizadora, la extensión del reino, no se detenga.

Timoteo era un colaborador de Pablo, un delegado apostólico, tenía un ministerio translocal y sobrepastoral. Lo había enviado a Éfeso (1ª. Epístola) a ordenar que algunos no enseñaran diferente doctrina, a reconocer nuevos pastores, a atender los problemas de la iglesia, a enseñar la sana doctrina… Pero existe un peligro: Que los quehaceres de la iglesia lo atrapen tanto que se olvide de la evangelización.

Cuando ya existe una iglesia o varias es muy fácil involucrarse tanto en la atención de los discípulos que uno llega a descuidar la evangelización. La evangelización no es tarea del evangelista únicamente, es la misión de toda la iglesia; de todos y cada uno de los hermanos, y mucho más de los pastores. La función del evangelista es capacitar a los santos para la obra evangelizadora.

Queridos hermanos, si los pastores no evangelizamos, no nos hagamos ilusiones, no tendremos una iglesia evangelizadora, menos una iglesia que crezca y se multiplique. Si nosotros mismos no estamos al frente de un movimiento o un programa evangelístico como iglesia, no vamos a llegar a ningún lado. Debemos hacer punta tanto en la evangelización local como en la translocal.

Casi parece ridículo que Pablo le dice a un hombre de la envergadura ministerial de Timoteo: “reaviva el fuego del carisma que recibiste al principio cuando te impuse las manos”. “Timoteo, debes volver a ese fuego del principio”. Pareciera que Timoteo por naturaleza era un joven tímido. Por eso le dice: “Porque Dios no nos ha dado espíritu de timidez, sino de poder, amor y dominio propio. Por lo tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor Jesucristo…”

En el último capítulo hace la misma apelación. Pone a Timoteo ante el cuadro de la eternidad y del inevitable juicio de Dios. Y le dice solemnemente:

1 Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, 2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo…
5 … soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. 6 Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano…

Y esta era la primera preocupación de Pablo al final de su ministerio al escribirle su última carta. Mientras él vivía, él era el motor y la inspiración para todos. ¿Qué pasará después de su partida? Esta es la razón de su vehemente apelación personal a Timoteo.


II.   LLAMADO A TRANSMITIR FIELMENTE LA PALABRA DE DIOS

Esta es la segunda apelación fuerte de Pablo

1.13-14:
Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en     Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.

La Biblia de Jerusalén, dice: “Ten por norma las palabras sanas que de mí oíste”.
NVI: “…sigue el ejemplo de la sana doctrina que de mí aprendiste”.
SA: “Ten por modelo las sanas palabras que escuchaste de mí…”
Es decir, le pide a Timoteo que mantenga tal cual las palabras que le ministró el Apóstol a él.

2.2: Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.

2.15: Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado,
como obrero que no tiene de qué avergonzarse,
que usa bien la palabra de verdad.
RVA: “que traza bien la palabra de verdad”
Otras: “que analiza y expone correctamente…”

3.10: Pero tú has seguido mi doctrina (didaskalía), conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia,
3.14-17:
14 Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.
16 Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

4.2-4:
2 que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina (didaké).
3 Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina (didaskalía), sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, 4 y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.

4.7: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

En 1ª. Timoteo enfatiza lo mismo:

1.3: Como te rogué que te quedases en Éfeso, cuando fui a Macedonia, para que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina, (heterodidaskaleo).

4.1: Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios;

4.6: Si esto enseñas a los hermanos, serás buen ministro de Jesucristo, nutrido con las palabras (logos) de la fe y de la buena doctrina que has seguido.

4.16: Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina (didaskalía); persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo, y a los que te oyeren.

6.3-5: 3 Si alguno enseña otra cosa (heterodidaskaleo), y no se conforma a las sanas palabras (logos) de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina (didaskalía) que es conforme a la piedad, 4 está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, 5 disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

6.14: que guardes el mandamiento sin mácula ni reprensión, hasta la aparición de nuestro Señor Jesucristo.

6.20-21:
Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas sobre cosas vanas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia, la cual profesando algunos, se desviaron de la fe.

Esta era una de las mayores preocupaciones del apóstol Pablo: Que se retenga
la palabra tal como ha sido revelada por el Señor a los apóstoles. Esto abarca el
Kerigma y la Didaké o Didaskalía. Advierte del peligro de la mezcla. Del peligro de
enseñanzas espurias, que no vienen de Dios. Apela a mantenerse y persistir en lo que
ha sido revelado una vez y par siempre; a no enseñar otra cosa; a ser fiel en la
transmisión de la verdad y de los mandamientos. Impresiona la insistencia, la
reiteración. Hace la advertencia de que vendrían tiempos en que la gente no
querrá escuchar la sana doctrina. El texto de 2 Tim. 4.3-4, en la NVI, dice:
“Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que,
Llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las
novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los
mitos”.

Por eso le dice: “Predica la palabra, predica la palabra…” No prediques tus propios
sermones, tus propias ideas, limítate a la palabra de Dios, al evangelio eterno. No
prediques lo que le cae bien a la gente. El falso profeta predica lo que la gente quiere
oír; el verdadero profeta predica lo que Dios quiere decir.

Predica el kerigma, enseña la didaké. A tiempo y fuera de tiempo. Redarguye,
reprende, exhorta, con toda paciencia y doctrina. Si son discípulos te van a oír, van a
obedecer. Si no son discípulos guíalos a la verdadera conversión, a reconocer a
Jesucristo como Señor.

III. LLAMADO A SER ESFORZADO EN EL MINISTERIO

2.1-13:
1 Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.
2 Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.
3 Tú, pues, sufre penalidades (kakopatheo=sufre aflicciones) como buen soldado de Jesucristo. 4 Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado.
5 Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente.
6 El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar (kopiao= trabajar duro) primero.
7 Considera lo que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
8 Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio, 9 en el cual sufro penalidades (kakopateo), hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa.
10 Por tanto, todo lo soporto (upomeno=sufro) por amor de los escogidos, para que ellos también obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.

11 Palabra fiel es esta:
    Si somos muertos con él, también viviremos con él;
12 Si sufrimos (upomeno), también reinaremos con él;
    Si le negáremos, él también nos negará.
13 Si fuéremos infieles, él permanece fiel;
    El no puede negarse a sí mismo.

Este llamado de Pablo, está sintetizado en el primer versículo del cap.2: “Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús”.

Esta apelación, por el texto y el contexto, tiene dos aspectos:
(1) Fortalecernos con el poder de Cristo que por gracia está en nosotros,
(2) Con esa potencia consagrarnos a un ministerio mucho más esforzado.

El verbo “esfuérzate” en griego es “dynamoo”, viene de dynamis=poder. Como diciendo: “Poténciate, fortalécete, vigorízate, en la gracia que es en Cristo Jesús”.
Pero luego habla de esforzarse, sufrir, luchar, trabajar duro.
Trae tres ejemplos: El del soldado, del atleta y del labrador.
Los tres son ejemplos de autodisciplina, esfuerzo, diligencia, sacrificio, sufrimiento, abnegación, trabajo duro, y en el caso del soldado el riesgo de perder la vida o de quedar herido, etc.

Y luego presenta dos modelos de sufrimiento, de trabajo duro, y de sacrificio: Jesucristo y el mismo Pablo que escribe la carta.

JESUCRISTO: EJEMPLO DE SUFRIMIENTO
2.8: Acuérdate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi evangelio.
Timoteo, acordate de Jesucristo… Por amor al mundo, dejó su trono, se hizo hombre, se hizo siervo, se hizo pobre. Consagró su vida enteramente a buscar y salvar a los perdidos. El Evangelio dice que “Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando… predicando… sanando…” ¡Todas las ciudades y aldeas! Sin una 4 x 4, sin siquiera un burrito! Y finalmente fue crucificado, previamente escupido, burlado, golpeado, azotado… Dejó la comodidad del cielo, la seguridad del trono, abrazó la cruz, el vituperio, el sufrimiento, la muerte… para salvar a los perdidos.
Timoteo, cuando te sientas cansado, desanimado, con ganas de aflojar, de tirar la toalla, “acordate de Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos…”

PABLO: EJEMPLO DE SUFRIMIENTO
2. 9-10: “En el cual (en el evangelio) sufro aflicciones, hasta prisiones a modo de malhechor; mas la palabra de Dios no está presa. Por tanto, todo lo soporto por amor a los escogidos para que ellos obtengan la salvación que es en Cristo Jesús con gloria eterna.

LA RECOMPENSA
2.11-12: Palabra fiel es esta: Si somos muertos con él, viviremos con él; si sufrimos también reinaremos con él”.

HAY DOS CLASES DE SUFRIMIENTOS
(1) Los que nos causan otros.
(2) Los que nosotros abrazamos al trabajar esforzadamente en la obra de Dios.

(1) Los sufrimientos que otros nos causan puede venir de los hermanos o del mundo.
De los hermanos (1.15)
Alejandro (4.14) (¿Habrá sido un hermano?)
Los compañeros lo dejaron solo (4.16-17)
Del mundo: Vituperios, persecuciones, prisiones y hasta muerte.

(2) Los sufrimientos por trabajar esforzadamente en la obra:
Pablo apela más bien a entregarse a este tipo de sufrimientos. La otra no depende de nosotros.

La obra de Dios requiere de nuestra parte trabajo duro, sacrificio, tesón, dedicación, diligencia, oración, planificación, visión, entrega, sufrimiento y perseverancia. No podemos imponer esto a otros, pero si podemos ser modelo de nuestros discípulos y de todo la iglesia.


CONCLUSIÓN:

5 AREAS PRINCIPALES EN LAS QUE DEBEMOS ESFORZARNOS

1. Que la iglesia potencial llegue a ser la iglesia real. 2.10
La iglesia potencial es la iglesia que aun no existe, pero que llegará a ser. Para ello necesitamos evangelizar. (Ver Colosenses 1.24).
- Evangelización natural (en donde cada uno esté: cárcel, escuela, trabajo, barrio, etc.)
- Evangelización local (En la ciudad en la que estamos, en el barrio, en barrios cercanos o lejanos)
- Evangelización translocal

2. Que la iglesia real llegue a ser la iglesia ideal
- Santidad
- Unidad
- Servicio, buenas obras
- Todos obreros
- Todos capacitándose
- Todos consagrados a la misión
- Ser sal y luz en la sociedad

3. Esmerarnos en la capacitación de obreros: 2.2


4. Trabajar en equipo 4.9-12; 4.19-20


5. Planificar la extensión y plantación de iglesias en nuevas localidades, pueblos, ciudades y naciones


Siguiendo el ejemplo de Pablo:
“Morir con las botas puestas”
Comparar 4.7 con 4.13, 21…

miércoles, 4 de diciembre de 2013

RELACIONADOS EN EL AMOR - Baker



INTRODUCCION.

Hace aproximadamente un año comencé a formar un grupo de discípulos en mi casa. Hice arreglos con mi hijo Alex para que llevara el grupo que él lideraba a otra casa, y así comencé. Quedaron unas doce hermanas que hace años están en casa, y dos varones.

Razones para formar el grupo:

Renovar mi contacto directo en ganar y formar discípulos. Notaba que mi ministerio iba poco a poco inspirándose en experiencias pasadas. Necesitaba volver al surco con todas las implicaciones.

Además, me di cuenta que la iglesia necesita modelos. Entendí que necesito ser
modelo, siempre, de todo lo que pretendo que otros sean, hagan y enseñen. Cuando
Jorge predicó sobre esto en un retiro hace unos tres años entendí que venía del Señor.
Me impactó. Es lo más fuerte, lo que más impacta. Es lo único que realmente hace
convincente nuestro ministerio. Digo con Jorge que necesitamos modelos de
matrimonios, padres, hijos, familias, trabajadores, ministerios y grupos de discipulado
en los hogares. (O iglesias en las casas).

Dios nos ha prosperado y ya hay un grupo de 10 varones y algunas mujeres más. La mayoría
apunta bien.

En noviembre pasado entendimos que había llegado el tiempo de relacionarlos para ir
formándolos como cuerpo. Ahora entendemos que ésta es una de las funciones más
importante del ministerio. Quizá la más importante.

Así que durante el mes de noviembre oramos y procuramos la guía y la sabiduría de Dios.
Iniciamos el primer viernes de noviembre con una vigilia y continuamos cada viernes orando
juntos y esperando alguna indicación o revelación del Señor.

Nada notable pasó hasta el último viernes. Allí sentimos que teníamos que concentrarnos en
la última frase que Pablo escribe al final de Efesios 4:16 “…recibe su crecimiento para ir
edificándose en amor.”

Lo había leído cientos de veces pero ahora, era como que el Espíritu Santo ponía su dedo
sobre el pasaje, especialmente las cinco últimas palabras: “PARA IR EDIFICANDOSÉ EN
AMOR” y nos señalaba un imperativo. Esto vino con fuerza, con mucha fuerza a mi espíritu.

Pero esto era solo la primer parte. La declaración que siguió vino más clara y terminante: ¡Si
no encarnan el amor de Cristo, no hagan coyunturas!

 Desarrollo su ministerio apostólico en distintos lugares de Argentina y países limítrofes, partiendo a la
presencia del Señor en el año 2005.

Aquí venimos al tema. Mi tema es el amor. Y porque no profetizarlo: VIENE UN TIEMPO
DE MAYOR PROFUNDIDAD DE LA HUMILDAD Y DEL AMOR DE CRISTO ENTRE
NOSOTROS.

Entonces, esto no lo puedo predicar o enseñar. Solamente lo comparto como una profunda
inquietud de Dios dentro de mí. Un ansia que con fe podemos vislumbrar.

1. EL AMOR DE DIOS

Dios siempre nos ha hablado del amor. Dios es amor. Su amor expresa la misma naturaleza
de su persona. El vuelca su amor abundantemente hacia nosotros y todo el mundo. El amor es
el vínculo perfecto que nos relaciona con él. Es también el vínculo indispensable que nos
relaciona los unos con los otros.

Cristo es el objeto del amor de Dios. En Cristo se centran todos los afectos del Padre. Y quien
está en Cristo también participa de todos ellos. Por lo tanto, el amor se constituye en la
indispensable prueba de nuestro discipulado. Y el amor nos hace estar en paz con Dios, con
nuestros hermanos y aun con nuestros enemigos. Es la señal identificatoria de todo genuino
discípulo.

Cuando Jesús nos enseñó a amarnos unos a otros, puso énfasis en que era “un nuevo
mandamiento” En el transcurso de los siglos se daba una nueva oportunidad de amar. Aquí
hay evidencia del cambio profundo que se produce entre Dios y el hombre a través de la
redención. “Un nuevo mandamiento” para una nueva relación entre el hombre y Dios por
causa de la redención. ¡Aleluya! Una dimensión nueva de la presencia viva de Dios en los
redimidos. La “supereminente grandeza” del poder de Dios por el Espíritu Santo llenando y
actuando en el hombre.

Pero es necesario que también prestemos atención a la otra observación de Jesús: Ámense
“como yo les he amado” No amor sentimiento… amor para sentirnos bien, sino amor como
Cristo amó. Amor de Cristo, enviado de Dios por el Espíritu Santo para que en el receptor se
cumpla la redención, comunión con Dios, santificación, edificación. El pleno desarrollo a la
imagen de Cristo.

El amor fue el signo que distinguía a la primera iglesia. “Mirad como se aman”, decía la
gente.” La multitud de los que habían creído eran de un solo corazón y una sola alma…”
¿Cuál era la clave de semejante unidad? El amor de Cristo. “Comían juntos con alegría y
sencillez de corazón”. “Ninguno decía ser suyo nada de lo que poseía.” ¿Por qué era esto?
Porque se amaban con el amor de Cristo.

En ésta iglesia el amor superaba todo: la elocuencia. El profesionalismo…que seguramente
no existía. Todo era sencillo, común. Pero había “eso” que no era común: se amaban.

Seguramente ese amor descendía del ministerio. Los padres que ministraban se amaban.
Amaban entrañablemente a Cristo, se amaban entre sí y proyectaban la gracia del amor sobre
todos los santos. Este es el orden natural. De no darse esto, es impracticable esperar tener una
iglesia que se ama. El amor de los unos para con los otros comienza con ese amor que Cristo
vuelca desde los que presiden.

2. TRES EXPRESIONES DEL AMOR DE CRISTO

Había tres aspectos definidos por donde operaba la gracia de Cristo. Y si queremos amar
como él, estos mismos canales tienen que operar en nuestras vidas.
A. COMO SALVADOR

Como Salvador, Jesús califica la razón misma de su venida al mundo: “El Hijo del hombre
vino para buscar y salvar lo que se había perdido” Este era su objetivo, su blanco, la razón
del todo de su venida al hombre.

Jesús es Salvador. ¿Quién puede medir el caudal del amor y gracia que fluye de la cruz? Su
amor no se mostró con palabras o promesas solamente sino que para salvar entregó su vida en
expiación. Este es el primer canal por donde fluye el amor de Cristo.

¿Cómo se aplica esto a nosotros? ¿Podemos nosotros fluir por ese mismo canal? A primera
vista diríamos que sólo Jesús puede hacerlo.
¿Quién puede asemejarse a él? Solo Jesús salva. Cuán cierto es esto. Pero pensemos: ¿Puede
Jesús salvar sin nosotros? ¿Nos hemos dado cuenta cabalmente, alguna vez, (porque el
pensamiento es profundo y escrutador) que SI LOS REDIMIDOS NO CUMPLEN SU
PARTE EN LA REDENCION, LA OBRA DE CRISTO QUEDARÍA TRUNCA? Esto es
para meditar. Si la Iglesia no cumple su parte, ¡Dios carecería del otro elemento
indispensable para efectuar la redención del hombre!

¿Quién determinó que fuera así? Dios. El hombre se va a salvar por la “locura de la
predicación” Y el plan de Dios es que SOLO LA IGLESIA sea heraldo de la salvación.
Dios puso las llaves del reino en las manos de un hombre, y nunca las retiró.

Los ángeles no predican. (Caso Cornelio) El Señor no predica (Caso Saulo) “Las piedras” no
predican… Pero van a clamar contra nosotros si no lo hacemos. Es algo bien conocido que la
gracia redentora es visible y eficaz en la medida que la Iglesia se levanta, se santifica y calza
sus pies con el “apresto del evangelio”

Como sacerdotes de Dios, sólo a nosotros se nos ha encomendado “proclamar las virtudes de
Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” Gracias a Dios por el Poderoso
Espíritu Santo que se mueve para despertar, acicatear y energizar al pueblo de Dios en la
tierra

Quizá ahora entendemos mejor el grito de Pablo: ¡Ay de mí si no predicare el evangelio! Es
profundo y elocuente oír a Pablo decir: “…cumplo en mi carne LO QUE FALTA de las
aflicciones de Cristo…” ¿Qué falta de las aflicciones de Cristo? Lo que tiene que poner la
iglesia: LA SOBREEDIFICACION. El fundamento está puesto, ahora falta predicar y
edificar sobre ese fundamento.

Pero hay otro aspecto del ministerio de salvación que nos toca ejercer:

SALVAR A LOS REDIMIDOS.

¿Qué significa esto? Socorrer, defender, cubrir a los santos. Este es el amor de Dios fluyendo
por nuestro canal salvífico:

- “Si tu hermano peca contra ti…” (Mt. 18) Salvamos al hermano y a la iglesia de una
situación pecaminosa.
- “Si alguno entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace
volver…salvará de muerte un alma…” (Santiago 19:20)

B. COMO SIERVO

El segundo canal por donde fluyó la gracia del amor de Dios en Cristo fue en su carácter
de siervo. Fue el perfecto siervo. “El hijo de hombre no vino para ser servido sino para
servir…” La descripción que hace Pablo de Jesús en Filipenses 2:5-11 jamás perderá su
profundo y conmovedor impacto. La expresión está hecha con vocablos humanos
tratando de describir lo indescriptible, aquello que excede todo conocimiento. Poco
sabemos de todo lo que hay encerrado en la exclamación gozosa del Padre. “¡Este es mi
hijo amado en quien tengo contentamiento!” Sobre todas las cosas, en su encarnación,
Jesús fue SIERVO.

Comienza desde niño: “Entrando en el mundo dice: me preparaste cuerpo…He aquí que
vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Un pesebre fue su cuna de nacimiento. Y su
primer prueba fue guardar silencio por 30 años, sin siquiera insinuar la divina potencia y
autoridad que moraban en él. Se sujetó en todo al Padre: “Nada hago de mí mismo. El
Padre que está en mí, él hace las obras.” Sirvió a sus discípulos, sirvió a hombres y fue
obediente hasta la muerte.

Este es, también, nuestro segundo canal por donde se debe expresar el amor de Dios.

Debemos servir a nuestra esposa, hijos, amos, vecinos, amigos, enemigos, a los hermanos
y a Dios. El amor es abstracto en sí, se manifiesta por las obras. Así Dice Santiago.
Siendo así, el amor sin servicio carece de sustancia.

Pero no debemos hacer cualquier servicio que se nos ocurra. El mundo estará encantado
si ve a los santos ocupados en “servicios generales” que no alteren el “status quo” del
mundo. Así como Jesús nada hizo que no viniera del Padre, así ni nosotros si no viene de
Dios. Para esto debemos ser hombres de una visión bien clara, y no salirnos de ella.

Entonces, cualquier servicio que hagamos debe coincidir con el plan y el propósito de
Dios. Para esto debemos aprender a invertir bien nuestro tiempo. Muchas cosas “buenas”
pueden ser obstáculos para cumplir lo específico que Dios nos ha encomendado.

C. COMO AMIGO

Se decía de Jesús que era “amigo de los pecadores” Siempre nos impactado el profundo
afecto que había entre Jesús y sus discípulos. Hay escenas muy tiernas en esa relación. Se
nota una intimidad de amor y cariño como cuando Juan estaba recostado sobre el pecho
de Jesús. No debemos tomarlo como un hecho aislado, más bien indica la ternura que
partía de un hecho: eran amigos.

“Mirad como se aman,” decía la gente de nuestros primeros hermanos. Es que eran
AMIGOS. Y esa amistad era la que cautivaba la gente. Podemos relacionarnos y
servirnos por cumplir un deber, porque se nos impone la obligación. No podemos decir
que esto está mal. Si cumplimos nuestro deber y atendemos debidamente las cosas que se
nos imponen, seremos aprobados.

Pero hay algo más que esto: servir por amor. ¡Ser amigos!

El ser amigos cala hondo, hace dulce y atrayente la relación. Crea vínculos más allá del
deber de cumplir lo que se nos impone. Podemos conocernos profundamente. Estar juntos
es un deleite, no una cita. No tenemos recelo en hablar lo íntimo.

Así es aún en el mundo, entre los hombres. Pero, ¿Cómo será en la iglesia donde tal
amistad se nutre en la corriente del amor de Cristo? Jesús dijo a sus discípulos: “Ya no os
llamaré siervos sino amigos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor, os llamaré
AMIGOS porque todas las cosas que vi de mi Padre os las he dado a conocer”

¿Ven? ¿Por qué amigos? “Porque todas las cosas que recibí de mi Padre os las he dado a
conocer”. Esto hace amigos y es a la vez la riqueza de esa relación de amor. ¡Oh, cómo
abrió Jesús su corazón a sus discípulos para volcar en ellos las “intimidades” del Padre,
de la casa celestial, de su plan y propósito! Cundía el candor, la alegría, la profunda
emoción. ¡ERAN AMIGOS!

Frecuentemente, cuando cesa el deber de estar y cumplir nuestra tarea… no hay más.
Como padres, podemos cumplir todas nuestras obligaciones de padre… ¡y no más! Como
esposo… como pastor… y no hay más.

No es posible ser amigos de todos, pero de algunos es indispensable que lo seamos:
esposa, hijos, colegas, y todos los más allegados a nosotros en la tarea el Reino.

CONCLUSION.

Creo haber entendido que el signo principal de toda relación es el amor de Cristo.
No quiero hacer coyunturas si el amor de Cristo no se manifiesta claramente entre
nosotros.

Quiero revisar mi relación con mi esposa. Ella es mi relación más íntima.

Debo revisar mi relación con mis colegas y los que trabajan para el Señor cerca
mío.

Creo que VIENE UN TIEMPO DE MAYOR PROFUNDIDAD EN LA
HUMILDAD Y EL AMOR DE CRISTO ENTRE NOSOTROS. ¡Amén!

lunes, 2 de diciembre de 2013

LA ESPERANZA QUE TENEMOS - Farías



(EXTRACTADA DEL LIBRO DEL MISMO NOMBRE,
PAGS. 87-90)

   En el Nuevo Testamento, siempre la esperanza está entrelazada con la eternidad. 

La iglesia de los primeros apóstoles no tenía expectativas por días mejores en la Tierra. 

No tenía sueños terrenales. Para los primeros cristianos, la única esperanza era la de 
poder ver, algún día, a Dios. 

 Hoy, la iglesia occidental alimenta la triste ilusión de que el tiempo de dolor,
sufrimiento y persecución fue sólo para el principio. Y que ahora, el Señor dará a su
pueblo, tiempos de gloria. Hay una teología triunfalista que enseña que, aún antes de
la venida de nuestro amado Señor (2 Tes. 1:3-12), la iglesia tendrá dominio y autoridad
en el mundo. Como si el Reino de Dios no estuviese dentro de nosotros y necesitara
tener visible apariencia (Lucas 17:20-21). ¡Ojalá se arrancasen la lengua los que
enseñan tales aberraciones!

 Esta predicación ha producido una iglesia que se siente muy a gusto y confortable en
la Tierra. Una iglesia enraizada en el mundo y con esperanzas terrenales. ¡Una iglesia
que no tiene nostalgias por el cielo! Que tiene miedo a la muerte y temor al
sufrimiento. Una iglesia quejosa y exigente que ha abandonado las acciones de gracias.
Una iglesia que se olvidó de la advertencia de las Escrituras: “En el mundo tendréis
aflicción…” (Juan 16:33), y que “Es necesario que a través de muchas tribulaciones
entremos en el Reino de Dios.” (Hechos 14:22). “…Porque vosotros mismos sabéis que
para esto estamos puestos.” (1 Tes. 3:3)

 Una iglesia que recuerda que somos “…herederos de Dios y coherederos con Cristo”,
pero se olvida que esto es sólo “…si padecemos juntamente con él, para que
juntamente con él seamos glorificados”. (Rom. 8:17). Al contrario de Pablo, la iglesia de
hoy no considera que es mucho mejor estar con Cristo (Filip. 1:23), pues sepulta a sus
muertos en desesperación, como aquellos que no tienen esperanza.

 Se olvidan que no se completó aún el número de los que han de morir por causa
del testimonio (Apoc. 6:9-11) y que, según algunos estudiosos, la iglesia del siglo XX
produjo más mártires que en los primeros diecinueve siglos juntos. Por conveniencia,
prefiere ignorar que “… se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá
pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares.

 Y todo esto será principio de dolores.
 Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de
todas las gentes por causa de mi nombre.” (Mateo 24:7-9)
 Aquellos cuyos ojos aún están fascinados por el brillo de este mundo, no aman la
venida del Señor. Estos ni siquiera saben sufrir por el nombre del Señor, cuánto menos
morir. Probablemente formarán filas en la apostasía (2 Tes. 2:1-3; Mateo 24:10-12).
Pese a todo, la verdadera iglesia está diciendo ¡Ven! (Apoc. 22:17,20). Ven, Novio
bendito, para tomarme como tu herencia y tu propiedad particular. La verdadera
iglesia discierne el tiempo y presta atención a la voz celestial: “Oye, hija, y mira, e
inclina tu oído; Olvida tu pueblo, y la casa de tu padre (olvida la tierra, la herencia de
Adán);  Y deseará el rey tu hermosura; E inclínate a él, porque él es tu señor.” (Salmo
45:10-11)

 Es de mucho consuelo saber que, de la misma manera que nosotros deseamos verlo
volver, Él desea venir a buscarnos para sí mismo. En mi primer contacto con la iglesia
perseguida, en un país musulmán, en una reunión con puertas y ventanas cerradas,
recordé Cantares 2:10,14: “….Levántate, oh amiga mía, hermosa mía, y ven… Paloma
mía, que estás en los agujeros de la peña, en lo escondido de escarpados parajes,
muéstrame tu rostro, hazme oír tu voz; porque dulce es la voz tuya, y hermoso tu
aspecto”.
 Esta paloma tan dulce e indefensa, perseguida y despreciada, un día oirá la voz del
Novio, que vendrá saltando sobre los montes, brincando sobre los collados como un
cervatillo, mirándola por la ventana, atisbando por las celosías y diciendo: “Levántate,
oh amiga mía, hermosa mía, y ven” (Cantares 2:8-10). No necesitas más huir o
esconderte. Ha llegado tu Amado. Tus perseguidores están postrados ¡Muéstrate,
novia mía!
 ¡Precioso Señor, todos los días miramos al Cielo con nostalgias de Ti! ¡Ven a
nosotros, pues tú eres nuestra esperanza!

 Pablo se refiere al galardón que está reservado para todos los que aman su venida
(2 Tim. 4:8). El Señor dice que estos serán para Él, en aquel día, su especial tesoro
(Mal. 3:17). Son estos, los benditos del Padre, los que recibirán por herencia el Reino
que les está preparado desde antes de la fundación del mundo (Mateo 25:34)

¡Esta es la esperanza que tenemos, su venida!
 Esta esperanza produce gozo y consolación (Rom. 15:4,13). Y mientras aguardamos
esta bendita esperanza, es importante que vivamos “como es digno de la vocación con
que fuimos llamados” (Efesios 1:15-23; 4:1; Filip. 1:27; 1 Tes. 5:23; 1 Tim. 6:14; 1 Pedro
1:17; 1 Juan 2:28)

 Por todo esto, debemos y necesitamos tener esperanza. Por todo lo que Dios es, por
todo lo que Dios quiere, tengamos esperanza ¡Aleluya!

“Y todo aquel que tiene esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es
puro… Cristo Jesús, nuestra esperanza es puro” (1 Juan 3:3; 1 Tim. 1:1)
 ¡ALELUYA!